Luz de fuego en el Volcán de Colima, México
lunes, 1 de diciembre de 2014
domingo, 10 de agosto de 2014
lunes, 21 de julio de 2014
domingo, 20 de julio de 2014
lunes, 30 de junio de 2014
Después de
agua
La gota cayó
sin saber, sin saberse de dónde. Y a pesar de caer en la tierra ausente de
vegetación permaneció casi redonda, sin destruirse como sus compañeras gotas,
sin ser absorbida por la superficie.
La gota cayó sin saber en dónde. Tres días soleados
vinieron y se fueron, y la gota sin evaporarse, sin regresar a casa, sin
siquiera saber qué es una casa. ¿O acaso era una lágrima?
Una señora de avanzada edad caminaba por la tierra,
con nueve leños de tamaño regular sobre sus hombros. Una mañana, muy de mañana,
vio a la gota sobre la tierra. Sus ojos se abrieron más que de costumbre, pues
para ver tanta tierra tan sólo es necesario imaginarla. Su infancia estaba
ahora tan lejos del mar, más lejos aún que las montañas que derivan del mar.
Esa gota traslúcida era ahora como una medusa, cuando
en temporada de calor la marea suda tanto que expulsa a miles de ellas. Siempre
pensó en lo bello que se vería un collar hecho de medusas, aunque el dolor de
la piel quemada fuera el precio. Cogió la gota y la contempló entre sus manos
una hora. Una gota que humedece a quien la toca, pero que conserva su peso y
tamaño, es digna de contemplarse por años.
Casi redonda, casi agua, la gota cayó sin saber en
dónde. Desde entonces recorrió la tierra sin tocarla, hermanada con una
superficie suave y arrugada de piel en el seno de la anciana.
Soy el corazón de un mar, pensó la gota.
Cuando el corazón de la anciana cumplió con su
recorrido sin saber en dónde, la gota se desprendió y rodó hasta llegar al
vientre que había permanecido intacto. Vino entonces el tiempo de los ríos y
luego mares, mares que después fueron desiertos, lugar donde habita el
pensamiento.
Cuando mires la luna sabrás que en ella existe agua,
aunque nadie la haya visto. Aunque no
puedas tocarla.
Miguel Ángel León Govea/enero 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Y la poesía saldrá a la calle
(poesía ergo sum)
a decirse vestida de silencios cotidianos,
de miseria y de opulencia,
de tren, zapato y bicicleta;
desvestida en la mujer que espera un hijo,
travestida en un informe pericial,
divertida en el beso de la última adolescencia.
Y la poesía será la callehabitación
cuando el asesinato del día nos vuelva humanos.
Dirá tu nombre en otro mar lejano.
Dejará de gravedad herido al astronauta
y a toda aquella ave citadina
que da de comer a los ancianos la alegría.
La poesía saldrá a la calle
Oh, sí,
desnuda la palabra,
revolucionaria en todos los idiomas,
pura en su sagrada soledad de sordos,
saldrá a la calle porque en casa
duda de su propia existencia
y a los libros se les acumula el polvo.
Miguel Ángel León Govea
(poesía ergo sum)
a decirse vestida de silencios cotidianos,
de miseria y de opulencia,
de tren, zapato y bicicleta;
desvestida en la mujer que espera un hijo,
travestida en un informe pericial,
divertida en el beso de la última adolescencia.
Y la poesía será la callehabitación
cuando el asesinato del día nos vuelva humanos.
Dirá tu nombre en otro mar lejano.
Dejará de gravedad herido al astronauta
y a toda aquella ave citadina
que da de comer a los ancianos la alegría.
La poesía saldrá a la calle
Oh, sí,
desnuda la palabra,
revolucionaria en todos los idiomas,
pura en su sagrada soledad de sordos,
saldrá a la calle porque en casa
duda de su propia existencia
y a los libros se les acumula el polvo.
Miguel Ángel León Govea
sábado, 18 de enero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
martes, 24 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
La ciudad y los puentes
Nunca el mismo puente.
Mas la misma distancia siempre.
Si
bien de lejos parecen las siluetas de una cordillera un tanto extraña, al
acercarse se aprecia un extenso valle repleto de puentes: sólo puentes, miles
de ellos. Algunos solitarios y otros superpuestos unos con otros; en ocasiones
dos, tres o más nacen de un mismo cimiento y toman variadas direcciones. La
ciudad pontífice, hacedora de puentes que soportan todo tipo de edificaciones: casas,
hoteles, escuelas, edificios de negocios, túneles, bodegas, cruces de culto,
antenas, recolectores pluviales, aljibes; incluso montañas artificiales para
uso recreativo y puentes decorativos, monumentos de la ciudad que fue nombrada
Ciudad.
Debajo de todos los puentes de la
ciudad la tierra está vacía, es poca la vegetación que sobrevive, como algunos
girasoles que aprovechan los escasos rayos de luz que se cuelan entre las
grandes trabes. En ciudad Ciudad no se construye en la tierra, está prohibido
hacerlo. Sólo es posible levantar alguna obra sobre los puentes que en ella
hay. Todo tipo de vehículos transitan en la ciudad con un preciso sistema de
orden vial que regula la entrada y salida de las estructuras; no obstante, es
obligatorio que todos los puentes sean también peatonales, con estrictas
medidas de seguridad para evitar accidentes, como las caídas. Existen puentes
destinados exclusivamente al espacio público, es decir, para el esparcimiento y
convivencia de los ciudadanos.
Existen algunos cuerpos lacustres
bajo la ciudad Ciudad, ríos y pequeños lagos; para cruzarlos existen los
llamados “puentes de barcas” que consisten en series de embarcaciones de madera
atadas en línea y que van de orilla a orilla. La mayoría de estos cuerpos de
agua están contaminados por los desechos que caen de la ciudad que se yergue
metros arriba. La lluvia se convierte entonces en un factor clave para la
sobrevivencia.
Ciudad
Ciudad es una urbanización unida por los puentes pero separada por los mismos.
Los conceptos de cercanía y distancia son por lo tanto relativos, y por ello no
se utilizan en el habla de las personas. La cotidianidad de los habitantes es
subir y bajar los puentes, por ello han desarrollado piernas extremadamente
fuertes que les permiten el tránsito por la ciudad. Ellos consideran al puente
del pie como la máxima representación del erotismo y sólo está permitido tocar
esta parte del cuerpo cuando se está por iniciar un acto reproductivo.
La muerte es considerada un elemento
de construcción; las osamentas son lloradas en la cima de los puentes para
luego ser incrustadas en las bases de las nuevas estructuras que se erigen en
la periferia de la ciudad. Así, tanto la vida como la muerte de las personas
están dedicadas a la consolidación de nuevas obras.
En esta urbanización las sombras que
proyectan las mega-estructuras provocan serios daños a la población: muchos
niños crecen con raquitismo, o los adultos desarrollan osteomalacia; asimismo,
en ambos se presentan poca tolerancia a la luz y pérdida del lenguaje. De igual
manera, los ecos entre los grandes muros provocan sordera, y con ello
desequilibrio en las personas. El suicidio por caída es uno de los problemas de
salud pública que enfrenta día con día ciudad Ciudad.
En varios puntos de la gran urbe pueden
verse inscripciones que relatan el comienzo de la civilización de Ciudad,
leyendas fundacionales que dotan de identidad a sus habitantes. Una de ellas
cuenta la historia de cuatro grandes puentes que cruzan la ciudad
imaginariamente hacia cada punto cardinal, lo anterior, claro, pertenece a la
mitología. Otra inscripción trata de cómo se erigió el primer puente. Aquí un
fragmento:
Pontifex
dominus
Una vez un puente cruzó el río para
descubrir la verdad de la otra orilla. Luego otro y miles siguieron su ejemplo.
Todas las razas, lenguas de acero y ladrillo, almas de madera y tiempo. Muchos
cayeron en el intento. Otros en las guerras sufrieron la desgana de la memoria.
Una vez, un puente miró hacia el
cielo…
Ellos, los habitantes de Ciudad,
seguirán erigiendo innumerables puentes, ellos son la ciudad pontífice, hasta
un día llegar.
“… Brilla el destino entre
infinitas sombras. Nostalgia de mi ciudad, Ciudad”.
Miguel
Ángel León Govea
Julio,
2013
jueves, 5 de diciembre de 2013
sábado, 23 de noviembre de 2013
Para los que
buscan a un tal Pedro Páramo
Para mi amigo Álvaro Arribas Miguélez
I
Pedro.
Mira tus calles
Miel de sol derramada
Mira el tizne en parvadas que avecina el cerro.
Mujer de luna media, tus días son.
Y no te das cuenta, Pedro no te acuerdas, páramo
no te alcanza
Si tu piel es igual a tu tierra:
Todos cruzamos los brazos el día de nuestro entierro.
II
Dos cuatro tres… …y el más lejano.
Cada sendero un paso
y cada paso certero entierro..
Vine a Comala incierto,
vine y no me dijeron.
El miedo anduvo en burro:
llegó a este pueblo.
III
Cristo: con tus brazos abiertos
¿Qué nos obliga a cruzar los nuestros?
*Texto tomado del libro Verbi Gratia (2011) de Miguel León-Govea
lunes, 11 de noviembre de 2013
Para comprender el silencio
Para
comprender el silencio
hay que
escuchar la espuma de mar:
una voz
lejana y profunda,
naufragios y
las sirenas necesarias,
pero efímera
en su infinitud.
Hay que mirar
la sal,
el residuo:
el término
preciso
al que aspira
la palabra.
Miguel Ángel León Govea
Noviembre, 2013
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